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CREO EN TI
Si tu sonrisa es como un rayo de luz que alegra mi existencia.
Si tus ojos brillan de alegria al encontrarnos.
Si compartes mis lagrimas y sabes llorar con los que lloran.
Si tu mano esta abierta para dar y tu voluntad es generosa para ayudar.
Si tus palabras son sinceras y expresan lo que siente tu corazon.
Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y me defiendes cuando me calumnian.
Si tienes valor para corregirme amablemente.
Si sabes orar por mi y brindarme buen ejemplo.
Si tu amistad me lleva a amar mas a Dios y a tratar mejor a los demas.
Si no te avergüenzas de ser mi amigo en las horas tristes y amargas.
ANONIMO
EL SAMURAI
Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes.
A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación.
Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y,
dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos,
contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con
la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su
fama.
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.
Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué
no usaste tu espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de
mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
El maestro les preguntó:
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo
aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?
-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.
- Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo
el maestro-.
Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba
consigo.
EL ANILLO DEL REY
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey -. Pero no lo leas - le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
¿Qué quieres decir? - preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
Escucha - dijo el anciano -: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza
misma de las cosas.
EL GUSANO Y EL ESCARABAJO
El escarabajo estaba consciente de que su amigo venia de otro ambiente, comía cosas que le parecían desagradables y era muy acelerado para su estándar de vida, tenia una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera del escarabajo le cuestiono la amistad del gusano ¿cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro del gusano? A lo que el respondió que el gusano estaba limitado en sus movimientos.
¿Por qué seguir siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacia desde lejos? Esto era entendido por el, ya que sabia de su limitada visión, muchas veces ni siquiera sabia que alguien lo saludaba y cuando se daba cuenta, no distinguía si se trataba de el para contestar el saludo, sin embargo callo para no discutir.
Fueron muchas las respuestas que en el escarabajo buscaron para cuestionar la amistad con el gusano, que al final, este decidió poner a prueba la amistad alejándose un tiempo para esperar que el gusano lo buscara.
Paso el tiempo y la noticia llego: el gusano estaba muriendo, pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo, cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen.
El escarabajo decidió ir a ver sin preguntar a su compañera que opinaba.
En el camino varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber que le había pasado a su amigo.
Le contaron como se exponía día a día para ir a donde el se encontraba, pasando cerca del nido de los pájaros, de cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y asi sucesivamente.
Llego el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida. Al verlo acercarse, con las ultimas fuerzas que la vida te da, le dio cuanto se alegraba que se encontrara bien.
Sonrió por ultima vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado.
El escarabajo avergonzado de si mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las pláticas de su amigo le proporcionaban.
Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente tan limitado y tan distinto de lo que el era, era su amigo, a quien respetaba y quería tanto no por la especie a la que pertenecía, sino porque le ofreció su amistad.
El escarabajo aprendió varias lecciones ese día.
La amistad esta en ti y no en los demás, si la cultivas en tu propio ser, encontraras el gozo del amigo. También entendió que el tiempo no delimita las amistades, tampoco las razas o las limitantes propias ni las ajenas.
Lo que mas le impacto fue que el tiempo ni la distancia destruyen una amistad, son las dudas y nuestros temores los que mas nos afectan. Y cuando pierdes un amigo, una parte de ti se va con el. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza se van con el.
El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escucho quejarse de quien mal lo aconsejo, pues fue decisión propia el poner en manos extrañas su amistad, solo para verla escurrirse como agua entre los dedos.
Si tienes un amigo no pongas en tela de duda lo que es, pues sembrado dudas cosecharas temores. No te fijes demasiado en como habla, cuanto tiene, que come o que hace, pues estarás poniendo en vasija rota tu confianza.
Dijo la madre Teresa: “Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerlo ahora, porque no pasare de nuevo por ahí...”
Disfrutar de un buen amigo es uno de los regalos mas hermosos que la vida nos da.
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